La plaza de toros de Pamplona y su escudo (I)

El autor hace una breve descripción histórica de las plazas fijas de Pamplona.

Foto aérea de la segunda plaza que taponaba la expansión del Segundo Ensanche de Pamplona. Ocupaba la actual avenida de Carlos III “el Noble”, situada en la parte posterior del antiguo Teatro Gayarre antes de su demolición y traslado.
Foto aérea de la segunda plaza que taponaba la expansión del Segundo Ensanche de Pamplona. Ocupaba la actual avenida de Carlos III “el Noble”, situada en la parte posterior del antiguo Teatro Gayarre antes de su demolición y traslado.

LA PRIMERA PLAZA 1844-1849

Tres plazas fijas, tres, ha tenido Pamplona, cada una ellas originó profundos cambios. En 1842 la ciudad estaba constreñida por las murallas y las edificaciones del Ejército, razón por la cual el Consistorio tuvo que pedir permiso a las autoridades militares para edificar la primera plaza en terrenos del antiguo convento de las Carmelitas Descalzas. El concurso del proyecto lo ganó el arquitecto Nagusia y mediante subasta se adjudicó la obra al contratista pamplonés Martínez a condición de estar lista para los Sanfermines de 1844. Tras ciertas peripecias constructivas, Pamplona estrenó plaza en la fecha acordada; consecuentemente el recorrido del encierro hubo de ser dirigido por Estafeta en vez de subir por Chapitela.  

Efectivamente, hasta la edificación de esta plaza, los espectáculos taurinos se celebraban en un cuadrante de la Plaza del Castillo, cuyos chiqueros se encontraban en la “Casa del Toril”. Con la nueva plaza al quedar sin uso estos toriles, el Ayuntamiento los arrendó a Matossi y Cía que instaló el famoso Café Suizo, pionero de los cafés pamploneses; éste perduró hasta 1952 siendo sustituido por una sucursal del Banco de Bilbao, y recientemente por “La Tagliatella”.

La primera plaza fue un desastre constructivo, pronto afloraron grietas y desperfectos, que a pesar de ser atendidos, se sucedían continuamente. En la primavera de 1848, la inquietante situación de un muro principal exterior, obligó al Ayuntamiento a poner un pleito para exigir responsabilidades. El contratista Martínez falleció y su viuda heredó el litigio y los compromisos. En aquella plaza tarada las últimas corridas se celebraron en 1849.

LA SEGUNDA PLAZA 1852-1921

Entre informes técnicos y tribunales el litigio continuaba, acordando el Ayuntamiento la instalación de una plaza provisional de madera. En mayo de 1851 comenzó la demolición de la primera plaza, y sobre sus cimientos, se inició la construcción de la que sería la segunda, con proyecto del arquitecto de la Diputación de Guipúzcoa Lascuráin. Aunque su construcción finalizó en agosto de 1852, no fue inaugurada hasta los Sanfermines de 1853.

En 1916, el arquitecto municipal de Pamplona, Esparza (Serapio) -se presentó por el PNV a Cortes en 1933 con Irujo y Aguirre, ninguno de ellos obtuvo acta de diputado por Navarra- diseñó el Segundo Ensanche, que abría la Plaza de la Constitución (del Castillo) hacía Carlos III con el traslado del coso taurino y del Teatro Gayarre. De modo que la segunda plaza hubo de ser sacrificada para favorecer la expansión urbanística de la ciudad.

Estando la plaza sentenciada a la demolición y con la tercera plaza ya en construcción, en agosto de 1921 un incendio destruyó parte de los palcos y los tendidos. Los testigos confesaron haber olido a gasolina, todo apunta a que el incendio fue provocado. Perez Ollo (Fernando) en “La Plaza de Toros de Pamplona (1922-1997)”, pone nombre y apellidos al presunto autor: «La malicia popular señaló como incendiario a Francisco Lorda Yoldi, presidente de la Comisión de Urbanismo y hombre muy activo aquellos años.»

LA TERCERA PLAZA 1922. "LA NUEVA"

El Ayuntamiento estudió distintas formulas para la cesión de la construcción y gestión de una plaza de toros en terrenos municipales. Dado que la Casa de Misericordia -abreviada popularmente como la Meca- atravesaba un importante déficit económico que no llegaba a cubrir con los ingresos, la Comisión de Beneficencia propuso que la Meca asumiese el proyecto.

Oslé (Camino) lo expresa perfectamente «la Junta se lanzó al ruedo y decidió aceptar la empresa», comprometiéndose a la construcción de la plaza y al derribo de la anterior. El 20 de agosto de 1920 el Ayuntamiento aprobó la concesión a la Meca, gratuita y a perpetuidad, de la propiedad de 11.435 metros cuadrados del Segundo Ensanche. La Meca resolvió la financiación del proyecto emitiendo obligaciones hipotecarias por un valor de 1,300.000 pesetas que fueron cubiertas en parte por pamploneses y en parte, por tres entidades de la ciudad que además avalaron la operación: El Crédito Navarro, La Vasconia y La Agrícola.

Para acelerar los trámites y evitar costes adicionales, la Comisión de Beneficencia renunció a convocar un concurso, asignando el proyecto directamente al arquitecto donostiarra Urcola (Francisco) que tenía grandes obras en su haber: el Teatro Victoria Eugenia y la dirección de obra del Hotel María Cristina en San Sebastián; el Hotel Alfonso XIII en Sevilla; además era conocido en Pamplona por haber proyectado el edificio “La Agrícola” –según Arazuri «Para muchos es el inmueble más señorial y bello de la ciudad»- sede del “Grand Hotel” hasta 1934, en la actualidad aloja la biblioteca de la Plaza de San Francisco.

“Diario de Navarra” valoró positivamente que Urcola estuviese casado con una «distinguida pamplonesa» y además ser «miembro del Consejo de administración de una de las sociedades bancarias de la ciudad.» Pero lo decisivo fue su bagaje en la construcción de cosos taurinos, había llevado la dirección de obra de la Plaza de Toros de San Sebastián “El Chofre” (1903-1974). Así como el proyecto con Espiau y Muñoz de la plaza Monumental de Sevilla que se inauguró en 1918; pero ésta no pudo competir con la Maestranza, tuvo que cerrar tres años más tarde para acabar siendo demolida en 1930. A pesar de todo, la Monumental fue el prototipo para la de Pamplona guardando ambas enorme similitud.

En tan sólo 18 días Urcola presentó el proyecto, recomendando fuese construida, al igual que la de Sevilla, con hormigón armado. La elección del arquitecto no estuvo exenta de polémica, pues los agoreros lanzaron los peores augurios cuando se supo que la Monumental de Sevilla había sufrido un derrumbamiento parcial un año antes de la inauguración.  

El adjudicatario de la obra fue el contratista Martinicorena (Rufino); la construcción con hormigón armado era el futuro y así lo comprendió uno de sus empleados, Huarte (Félix), que con esta obra aprendió su técnica para formar con Malumbres (Emilio) la empresa Huarte y Malumbres.

La plaza se construyó en 16 meses, un mes antes de la inauguración, el 26 de mayo, se iniciaron la pruebas de carga con sacos de arena, con una sobrecarga muy superior a la estipulada, la flecha fue una decima de la admitida en el pliego de condiciones. “Diario de Navarra” lo describió «El señor Urcola fue muy felicitado. Los obreros de la plaza fueron obsequiados con una suculenta merendola de cordero y vino» Con ello, todas las dudas quedaron disipadas.

Instantánea tomada finalizando la obra de la Nueva Plaza de Toros. Foto cedida por el Archivo Municipal de Pamplona (A. Gcia.Deán-1922)

La plaza se inauguró con el encierro del 7 de julio de 1922, obligando a cambiar su recorrido a la salida de Estafeta, que en vez de doblar a la derecha, era necesario hacerlo hacia la izquierda. Además el nuevo trayecto era de tierra un poco más largo, pero evitaba el fuerte ángulo en la esquina final de Estafeta. En aquel encierro hubo montón, se especuló si fue consecuencia de la pendiente del callejón más acusada que en la anterior plaza.

Con la mirada puesta 95 años atrás y el lenguaje de hoy en día, la construcción de la Nueva Plaza de Toros constituyó un proyecto de éxito del que resalto tres beneficios: 1) Permitió la expansión de Pamplona en el Segundo Ensanche, cambiando radicalmente la fisonomía de la ciudad; 2) Otorgó capacidad económica a la Meca, evitando la cesión de la plaza a manos privadas especulativas; 3) Facilitó el nacimiento de la empresa Huarte y Malumbres que fue el germen de la constructora Huarte y Cía. y del grupo empresarial Huarte.

Con respecto al escudo que luce el frontispicio, es republicano por tener dos coronas murales: la superior del escudo y la que sobrecorona al león. La paradoja es que el coso taurino se inauguró en el periodo monárquico de Alfonso XIII, 9 años antes que la proclamación de la II República en 1931.

¿Cómo y cuándo aflora el escudo de la Plaza de Toros? Lo desvelaremos en el próximo artículo. 

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