Del federalismo al plurinacionalismo (y III)

Este tercer artículo describe algunas repercusiones del modelo de Estado propuesto por el PSOE. 

Primera reunión de la nueva Comisión Ejecutiva Regional de los socialistas de Navarra. PSN.
Primera reunión de la nueva Comisión Ejecutiva Regional de los socialistas de Navarra. PSN.

En el artículo anterior hemos visto cómo el PSOE, cautivo del PSC, ha evolucionado del modelo del Estado de las Autonomías –el de la II República y la Transición-, hasta el Estado federal (asimétrico) y plurinacional de Pedro Sánchez.

Un cambio constitucional relevante, como el propuesto por el socialismo, exige: la solicitud de los dos tercios del Congreso y Senado, disolver las Cámaras, nuevas elecciones, la ratificación de las nuevas Cámaras y finalmente la aprobación de la ciudanía en referéndum. En consecuencia, si los socialistas hubiesen tenido verdadera voluntad del cambio, habrían intentado ponerse de acuerdo con los populares. Dado que un compromiso entre las dos formaciones políticas no tiene visos de alcanzarse, el objetivo pretendido queda en entredicho. Resultando que el “Estado plurinacional” sólo ha sido un mero instrumento para desmarcarse del PP, afeando la inacción de Rajoy, por no buscar una solución negociada al conflicto catalán.

Con todo, la triste realidad es que la más firme oposición al modelo territorial socialista se encuentra en su propia casa. El partido es así, históricamente se ha caracterizado por una pluralidad tal, que en ocasiones, parece una amalgama de PSOEs mal avenidos. Circunstancialmente se pone además de relieve, que quedan muchas heridas sin cicatrizar de la profunda crisis del partido.

Afortunadamente a pesar de las grandes diferencias con el PP, ante la materialización del desafío secesionista catalán, los socialistas, y muy especialmente el PSC, no han dudado en alinearse con los populares en defensa del marco legal y de la Constitución.

A la vista de la bochornosa aprobación de las leyes de referéndum y de transitoriedad jurídica de la semana pasada en el Parlament, ¿acaso queda algún ingenuo que piense que los cambios territoriales propuestos por el PSOE hubiesen evitado la locura secesionista catalana? La respuesta ya nos la anticipó hace unas semanas el que fuera la opinión ácida del felipismo, Guerra (Alfonso): «No se pueden calmar las ansias secesionistas aceptando ese extraño ser artificial de España, nación de naciones (...) Cuando preguntas de cuántas naciones, nadie contesta»

Lo que nos concierne es saber, si el modelo territorial propugnado por el socialismo afecta a la CF de Navarra. La respuesta dada por el PSN, en boca de su anterior secretario de organización, Cerdán (Santos), no fue muy explícita: «Nosotros estamos muy cómodos en el PSN con la declaración de Granada [Estado federal] en su día y con la declaración de Barcelona [Estado plurinacional]» Francamente suena a etéreo y cuesta interpretar en clave política a qué “comodidad” se refiere.

Con el PSOE virado a la izquierda para recuperar el voto perdido, y tras el congreso del PSN del pasado julio, su nueva ejecutiva encabezada por Chivite (María) se ha desmarcado de UPN y se postula, legítimamente, como alternativa de gobierno «progresista y de izquierdas» No obstante, la aritmética no acompaña en la búsqueda de socios y las contradicciones son manifiestas. No se puede pasar de criticar la gestión foral de Geroa Bai, a tirarle los tejos en un hipotético gobierno. En caso de realizarse esta alianza, el interrogante es, si el PSN pagará peaje con Navarra como moneda de cambio.

En este momento (septiembre de 2017), no cabe duda, de que el PSOE-PSN defiende la singularidad y la identidad de Navarra. Sin embargo, conviene recordar que esto no ha sido siempre así. En los estertores de la dictadura franquista, los socialistas navarros estaban integrados en el Partido Socialista de Euzkadi (PSE), razón por la cual al inicio de la Transición democrática, además de llevar txapela y enarbolar ikurriña, eran partidarios de la incorporación de Navarra a la CA del País Vasco.

A ese respecto, las declaraciones de Urralburu (Gabriel) en 1978 para “Tierra Navarra” fueron muy significativas: «Están perfectamente unidos los intereses del socialismo y la vinculación de Navarra al País Vasco. Estoy convencido de que, si hay tranquilidad y sosiego, Navarra se va a incorporar al País Vasco.» Tras pulsar la realidad electoral, en 1982 el socialismo navarro se escindió del PSE para formar el PSN en la búsqueda de su propia identidad, abandonando la idea de la incorporación al País Vasco. Este cambio de postura del socialismo navarro todavía sigue siendo objeto de reproche desde las filas del nacionalismo vasco, calificándolo de traición.

A lo largo de este tiempo el PSN ha tenido que lidiar adicionalmente con la servidumbre de Ferraz. Por dos veces la dirección federal del PSOE ha vetado clamorosamente decisiones del socialismo navarro: la primera hace 10 años, cuando decidió formar Gobierno con Nafarroa Bai (NaBai), Ferraz desautorizó a Chivite (Carlos), para acabar formando gobierno con UPN; y la segunda en 2014, estando Pérez Rubalcaba al frente del partido socialista, el desautorizado fue Jiménez (Roberto) con ocasión de la moción de censura contra Barcina por el caso Goicoechea, para tener que abstenerse.

Por el contrario, en 2006 se impuso el criterio del entonces secretario general del PSN, Chivite (Carlos), al negarse en el Comité Federal del PSOE a la creación de un órgano común entre la CF de Navarra y la CA del País Vasco, en clara oposición al secretario del PSE López (Patxi). Al día de hoy, es inimaginable un veto de Ferraz a los designios del PSN, porque la confraternización con Sánchez es total.

Hasta ahora, el modelo de Estado del PSOE, ha sido más un brindis al sol que sólo ha servido para encalar la pelota de la responsabilidad del secesionismo catalán en el tejado del PP, sin hacer autocrítica de los errores cometidos. En lo referente a Navarra, mucho tiene que explicar la formación de Chivite sobre las repercusiones del cambio constitucional y de las posibles alianzas para formar gobierno.

Lo cierto es que a pesar de que el PSN es la quinta fuerza política en votos –autonómicas 2015 y generales 2016-, ocupa una posición “muy esperanzadora”, esperando el descarrilamiento del TAV del cuatripartito para ocupar asiento preferente en las próximas elecciones. Apoyando o no a UPN, lo que Navarra necesita es un PSN fuerte y responsable que defienda su identidad.

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