Eduardo Laporte (Pamplona, 1979) es periodista y escritor. Ha publicado 'Postales del náufrago digital', 'Luz de noviembre, por la tarde' y, en 2016, 'La tabla' (Demipage).

La mujer que dijo "No"

A veces basta que una sola persona se atreva a romper el silencio para abrir la espita de la libertad.

La mujer que dijo NO.
La mujer que dijo NO.

No fue la primera en hacerlo, pero quizá sí la primera en hacerlo en el momento que había que hacerlo. Me refiero a Isabel Coixet y al impacto que han tenido artículos como este y este, ambos en el intervalo de una semana, que han generado, a su vez, artículos como este otro en el que se moja incluso el editor Jorge Herralde, pero también Serrat o Mariscal, que se refiere al referéndum del 1 de octubre como una «chapuza». Ya la misma fecha de la convocatoria, 1 de octubre, día que el franquismo celebra, desde 1936, como fecha inaugural del Movimiento, entró con mal pie.

Como también resulta una idea lamentable mentar precisamente a Franco para criminalizar moralmente a los que decidan no participar en este montaje, y hablamos ahora de los carteles de la CUP. ¿Quién es el franquista aquí? Ando justo leyendo El franquismo, de José Luis Ibáñez Salas, donde se incluye el discurso radiofónico que el 1 de octubre, de 1936, dio el autodenominado generalísimo a partir de entonces.

«Por esto se da cuenta España y acomete su liberación con amplio espíritu de colaboración social para el restablecimiento en el porvenir de la instauración de su propia libertad, la cual, por ser suya, la reclamará dentro y fuera del solar patrio». Cambiemos España por Cataluña y podríamos estar escuchando cualquier discurso de los muñidores del procés. La idea es la misma: imponer tu puta utopía excluyente como sea.

Pero estábamos en la mujer que dijo no. Dice Cercas en El punto ciego que en la república ideal hay tres personajes imprescindibles: el maestro, que enseña a vivir; el médico, que enseña a morir y el hombre que dice No, que es quien preserva la identidad colectiva.

«Es el hombre que, en las situaciones límite, en los momentos más comprometidos, cuando se decide el destino de la sociedad y más difícil es conservar la cabeza y todos o casi todos pierden el sentido de la realidad y dicen Sí por un error de juicio». O por el miedo a ser rechazados por la mayoría. En este caso sería una mujer, Isabel Coixet, que sin buscar heroísmos quizá haya generado la grieta necesaria para que, como cantaba Leonard Cohen, pueda entrar la luz.

SILENCIO FORZOSO

Como también fue pionera en el remar contracorriente, esa corriente teledirigida y manoseada por la clase política indepe, Nuria Amat con El Sanatorio. En la novela, la autora habla de un sanatorio como la alegoría de una sociedad enferma, víctima de un autoritarismo «insidioso» y de baja intensidad que a la postre se traduce en una «violencia psicológica que lleva a muchos catalanes a permanecer en silencio».

También está ese derecho a no votar, en sentido figurado lo digo, cuando se trata de un tinglado montado por unos, por una parte de la población.

Es un coñazo, por otra parte, tener que hablar de cosas de las que no te apetece hablar. También está ese derecho a no votar, en sentido figurado lo digo, cuando se trata de un tinglado montado por unos, por una parte de la población. Oiga, déjenme con mis cosas. Aunque llega un momento, cuando uno ya no puede estar con sus cosas porque ve amenazado no su anterior estado de cierta paz sino el de toda su comunidad, que toca bajar a la calle y decir No.

Es un heroísmo incómodo, porque ningún hombre es una isla y, ciertas significaciones pueden condenarte precisamente al aislamiento. Adiós a las ayudas institucionales, a los prólogos para esta o tal obra, a las jurandías aquí y allá, con las que al final pagabas las facturas y no tanto con tu sudor creativo. Llista negre, candidata a los Goya 2025. Adiós a dar un puto concierto en tu tierra, si eres músico, y así ad infinitum. Hola a las miradas hoscas, al bullying político, al apartheid del Eixample. Y, mientras tanto, las bocas llenas con la palabra favorita: democracia. 

Hay un libro que vendió miles de ejemplares llamado Gente tóxica. Quizá el que escriba su continuación, Política tóxica, podría dar en la diana. La deriva locoide del catalanismo militante no es que sea tóxica, es un trágala ridículo y paleto que sólo está generando división en la división ya existente. Es saludable que no se calle la gente que no se está callando y sería más saludable aún que contagiaran su rechazo a estos modos chapuceros, que diría el «europeo» Javier Mariscal, de un modo progresivo. No tanto por generar un frentismo banderizo, sino para que Puigdemont y compañía se apearan de la soberbia antidemocrática, anticatalana en realidad, de gobernar sólo para los de su cuerda.

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