Eduardo Laporte (Pamplona, 1979) es periodista y escritor. Ha publicado 'Postales del náufrago digital', 'Luz de noviembre, por la tarde' y, en 2016, 'La tabla' (Demipage).

Peligro en la mañana

El titulo daría para una película mala de acción sino fuera porque la ha dicho, con gran naturalidad, el ganadero los toros de este primer encierro de los Sanfermines 2017, Salvador Cebada.

Momento de gran peligro en el encierro de Cebada Gago con uno de los toros que ha barrido el vallado de la plaza consistorial. REUTERS
Momento de gran peligro en el encierro de Cebada Gago con uno de los toros que ha barrido el vallado de la plaza consistorial. REUTERS

Cuatro palabras que resumen con nitidez lo que pasa cada día a esa hora en que normalmente pesan las legañas y la vida en general, con la densidad habitual de una rutina que explota y se desintegra sin embargo en los amaneceres de riesgo de la Pamplona en fiestas.

Ha habido peligro en este mañana, pero no tanto como vaticinaban los encierrólogos, en la vigésimo novena actuación de los Cebada Gago en la ciudad que llegaban precedidos de su buena mala fama de «temperamentales» y, de nuevo, «peligrosos».

Fama inmerecida hoy porque el encierro es una orgía de lances al riesgo, de brindis a la cara oculta de la luna, que concluye con unas magras estadísticas de malheridos para lo que la lógica más hiperlógica pensaría. Tan sólo dos corneados en una carrera con 12 x 2 = 24 cuernos, astifinos ellos, porque los mansos son mansos pero te pueden hacer un descosido, a lo que sumamos 48 patas con sus 48 pezuñas que lo mismo te enganchan donde más duele, en unas tallas XXXXXL que van de los 435 kilos a los 630.

Danger in the morning. ¿Dónde estaba Joe Distler, con esa cara de Moncho Alpuente, q.e.p.d., en yanqui? Si vi al podólogo Eguíluz en una microcarrera que no pasará a la gloria y a ese otro corredor, guapo él, de la Estafeta, Sergio Moreno, que tiene su documental y todo. Pero a lo que iba y parafraseo a Javier Solano: «Los toros perdonan la vida a cada paso».

Peligro en la mañana que llega en un pellizco de tiempo, el suficiente para que un bicho te dé la cabriola de tu vida y te ponga el mundo del revés y de paso una cornada en el escroto. Poca broma. El ganadero habló de un toro que ya daba problemas en el campo, un toro complicado, un poco ese hijo díscolo que te la juega teniendo la misma mullida educación que sus hermanos, y del que se acordará para siempre el malogrado corredor.

El peligro en la mañana es quedarte marcado de por vida, quizá impedido, por un juego que nunca pensaste que podía ser tan peligroso. Maldita la hora, te dices, aún sin asimilar el segundo que cambiará tu existencia para siempre.  La vida mancha y el encierro también. Deja secuelas de la que no hablan los periódicos ni los cronistas, en un duelo silencioso con el que lidiarán los veteranos de este particular Vietnam vallado y en ziz-zag.

Es una guerra, por si no lo sabías, y en las guerras hay peligro. En este caso, por la mañana.

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