Juan Iribas (Tafalla, 1973) es autor de ‘El guardián de la intemperie’, ‘El destino de Sofía’, ‘El cuaderno de piel vuelta’ y ‘Antes de que huela a café’. Periodista en Thomson Reuters Aranzadi, ha colaborado en radio, prensa y revistas, y ha sido jurado en certámenes literarios.

Sueños

El otro día viajé en autobús por culpa de una avería en mi queridísimo coche.

Un libro sobre la arena. ARCHIVO
Un libro sobre la arena. ARCHIVO

Creo que no me montaba en una CONDA (o como se llame) desde COU, cuando iba a estudiar a no sé dónde con un clasificador lleno de apuntes ilegibles acerca de Platón y Aristóteles. Ayer…

Quise sentarme cerca del conductor. Me daba seguridad ver al chófer, volante en mano, llevándonos de Tafalla a Pamplona en compañía de Julia Otero, que se dedicaba a freír a preguntas a un tal Pérez-Reverte.

Cuando me quité la cazadora y apoyé la cabeza en la ventanilla, agradecí que nadie se sentara a mi lado, hice ademán de dormirme, y calculé que una cabezadita de diez minutos sería suficiente para vengarme del madrugón. Noté que una gota de saliva se deslizaba desde la comisura de mis labios hacia mi barbilla mientras sonreía de felicidad en pleno idilio con Morfeo.

Me dio tiempo a soñar (o quizá fue un pensamiento); ese fin de semana iría a darme un homenaje donostiarra: libro, mar y casco viejo. De cuando en cuando compro una novela de Millás, Silva o Lindo; me apoyo en la emblemática barandilla blanca para ver el oleaje cantábrico; y me zampo tres o cuatro manjares en la barra de un bar lleno de txapelas y turistas.

Abrí los ojos, me estiré un poco y Julia Otero había desaparecido; estaban contando las noticias que, por cierto, siempre son las mismas, y solo cambian (cuando cambian) sus protagonistas.

Miré por la ventanilla. Aquel paisaje no era el que me esperaba. ¿Dónde estaba? Mi cabezadita de diez minutos se prologó casi cien kilómetros. El autobús había llegado al final de su destino: San Sebastián. Resignado (y satisfecho) me regalé mi dosis de libro, mar y casco viejo.

Para volver a casa alquilé un coche. No vaya a ser que me durmiera otra vez y apareciese en Jerez…

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