Juan Iribas (Tafalla, 1973) es autor de ‘El guardián de la intemperie’, ‘El destino de Sofía’, ‘El cuaderno de piel vuelta’ y ‘Antes de que huela a café’. Periodista en Thomson Reuters Aranzadi, ha colaborado en radio, prensa y revistas, y ha sido jurado en certámenes literarios.

Pianista ocasional

Me pidieron que trasladara con mi furgoneta un piano de cola para colocarlo en la plaza de un pueblo turístico, así que presto y bien mandado allá acudí con mi socio, una tortilla de atún y un palmero de vino entre pecho y espalda.

Piano.
Piano.

Tenía la sensación de que llevaba una docena de huevos por un camino de cabras. Conducía con todo el cuidado del mundo y más, con la intención de hacer el menor daño posible a aquel instrumento que, por un fin social, acababa de abandonar el escaparate de una tienda de antigüedades.

Un tal Patxi no imaginaba qué le esperaba. La excursión de Proyecto Hombre prometía un paseo junto al mar, un partido de vóley y algo para picar. Más que suficiente para alimentar un sábado tonto un cuerpo maltrecho por culpa de lo algunos llaman farlopa, que le había entrado en cantidades industriales por la nariz y no le había salido por ninguna parte…

Patxi desconocía quién era yo y, por supuesto, yo no sabía quién era el tal Patxi, pero lo que ocurrió en aquel momento no lo olvidaré si llego a alcanzar la edad de Matusalén.

 Al verme con mi socio dejar el piano de cola en una plazoleta, aquel joven, con evidentes muestras de una vida loca, gesticuló que lo tocaba. Sus dedos aporreaban el aire y la única melodía que se escuchaba era la de un viento que soplaba como un órgano.

-Vamos, siéntate, tócalo, le comentó Joseba, el monitor de Proyecto Hombre.

-¿Yo?, contestó con dosis de ilusión, pero queriendo aparentar indiferencia.

Patxi interpretó una canción durante tres minutos. Algún testigo de aquella delicia indicó que se trataba de Fly, la banda sonora de Intocable, una película de poco ruido y muchas nueces.

Patxi lloró mientras las teclas del piano sentían las yemas de sus dedos. El tal Joseba se limitó a inmortalizar el momento con un móvil.

-¿Ves cómo la música te va a sacar de esta?, le comentó el monitor. ¡Lo ves! ¿Sí o no? ¿Sí o no?, insistió.

Patxi, a moco tendido, le contestó con las notas del estribillo de La fuerza de la vida. Y mi socio y yo decidimos no cobrar un céntimo por aquel traslado.

Ideación de ‘Pianista ocasional’

Me cuenta un transportista que le han pedido que lleve un piano a las instalaciones de un centro de desintoxicación.

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