SOCIEDAD

Amelia Tiganus, superviviente de prostitución y trata: "Acostarse con 15 hombres en una noche no es un trabajo"

La activista de feminicidio.net denuncia que el 98% de los anuncios de contactos de prostitución que aparecen en prensa podrían ser trata.

Amelia Tiganus, superviviente de prostitución y trata, y activista de Feminicidio.net.
Amelia Tiganus, superviviente de prostitución y trata, y activista de Feminicidio.net.  

Amelia Tiganus es una superviviente. Ha sobrevivido a la prostitución y a la trata y ha cosido sus propias heridas. Durante cinco años fue explotada sexualmente de club en club en España, adonde llegó desde Rumanía recién estrenada la mayoría de edad. Hoy, con 32 años y libre desde hace 9 del mundo de la esclavitud sexual, cuenta su historia a un grupo de periodistas navarros, reunidos por Acción Contra la Trata y la Asociación de Periodistas. Su historia es también la de otras tantas miles de mujeres en el mundo, un relato en el que "tus compañeros de viaje son la soledad y el olvido".

Mientras habla, en sus ojos se advierte un brillo vidrioso, pero ya no hay lágrimas. Las derramó todas. Al contrario, ahora su voz es firme y segura. Con seriedad y briznas de humor. La fuerza de la dignidad. Amelia, que actualmente trabaja como camarera en Guipúzcoa y es activista de feminicidio.net, llegó a España en 2002, pero su calvario comenzó mucho antes.

Cuando tenía 13 años la violaron tres hombres. "No lo recuerdo muy bien porque fue un momento tan brutal que se ha borrado de mi memoria. A partir de ahí, toda mi vida se derrumbó". Desde entonces, "algunos decidieron que yo iba a ser puta. La sociedad me puso la etiqueta y me cargó el estigma", explica. La acosaban, la buscaban a la salida del colegio y las violaciones se volvieron "sistemáticas". 

Aunque pensó en suicidarse en varias ocasiones, no lo hizo por amor a su hermana pequeña. Tampoco pidió ayuda a sus padres por miedo a que también la juzgaran. Así, trato de 'autoconvencerse': "Dije: ya está. Soy una puta. ¿Para qué resistirme si el resultado es el mismo?".

"ME VENDIÓ POR 300 EUROS"

Cuando tenía 17 años y medio, un conocido de su ciudad le habló de España e Italia y de las posibilidades de ganar mucho dinero ejerciendo la prostitución. Ella aceptó, aunque subraya que no fue una elección real, sino impuesta por la situación.

Este hombre le presentó a otro. "Me vendió por 300 euros". Hasta que cumplió los 18, permaneció en un piso del proxeneta, donde tuvo que acostarse con todos los "amigos" de este y aprender, junto a otras chicas, a "ser buenas profesionales".

Después le sacaron el pasaporte y viajó a España. Comenzó en un club de carretera de Alicante. De cinco de la tarde a cinco de la madrugada. "Había que exhibirse mucho y competir con otras mujeres. El modelo a seguir era la que más ganaba. Era tremendo estar doce horas así, inaguantable. Mucho más duro de lo que me había imaginado".

Cuando pasaron tres semanas, ya había saldado la deuda de 3.000 euros que tenía con el proxeneta, que se presentaba como su "salvador" y ahora le pedía el 50% de lo que ganaba. "Van a enamorar. Es un 'yo te salvo', esto es un trato, un negocio... Si te enamoran, no hace falta ni que te pongan una pistola en la cabeza, el amor romántico es peor".

UN CLUB NUEVO CADA 21 DÍAS

Aprovechando que recuperó el pasaporte ante la inminencia de una redada policial, pidió a un 'cliente' que la llevase a Torrevieja para escapar. Después contactó con un 'amigo' de Rumanía, con quien ideó una vida en común, trabajando ambos fuera de la prostitución. Amelia relata que le costeó el viaje, buscó un piso y, tras un mes y la nula intención del hombre de encontrar trabajo, este le pidió que volviera al club. 

Así pasó cinco años de su vida, "en un club diferente cada 21 días. Si te acostabas con los encargados, te dejaban un par de semanitas más, como un favor". Un día dijo "basta" y la respuesta de su "novio" fue llevarle sus pertenencias metidas en bolsas de basura a la puerta del club y marcharse. "Yo ya no estaba dispuesta a sufrir ninguna violencia, ni agresión, ni aliento, ni mano que me tocara". 

Pidió ayuda a un 'cliente' para salir de allí y este le permitió quedarse en su casa a cambio de sexo. Dos días después, Amelia encontró una oferta de trabajo como camarera y comenzó su nueva vida. "Fue la familia que me hacía falta. Me han ofrecido la oportunidad, han creído en mí y sido muy valientes de enfrentarse a todas las opiniones", valora.

EL PROBLEMA SE AGRAVA EN SANFERMINES

Atrás quedaba un camino de "violencia brutal, de aguantar violaciones, que se quitasen el preservativo...". Incluso la sombra de la muerte. Sufrió agresiones e incluso algunas compañeras no regresaron al club después de una salida con un putero. Querían pensar que había huido de ese mundo pero "es más fácil que sean asesinadas, tiradas a un cuneta. ¿A quién le importa la vida de las prostitutas?".

Amelia defiende que "acostarse con 15 hombres en una noche no es un trabajo" y que "el problema no es si ellas quieren o no, sino la demanda: por qué los hombres quieren acostarse con mujeres que no les desean. Cómo pueden llegar a vivir ese acto sexual sabiendo que esa mujer no les desea, que lo único que quiere es el dinero".

En este sentido, señala que no hay que buscar cuántas mujeres están viviendo esta situación, sino cuántos hombres son puteros. Tanto en clubs como en pisos, en la Comunidad foral las mujeres sufren prostitución y trata y con la llegada de Sanfermines, la demanda se dispara en Pamplona, denuncian desde Acción contra la trata

LA LUCHA SIGUE

La inserción de anuncios de prostitución en prensa no hace sino promover esta esclavitud del siglo XXI ya que, apunta Amelia, "el 98% de estos anuncios pueden ser trata". Desde Feminicidio.net, luchan contra esta lacra a través de talleres de prevención del consumo en los colegios, enfocados a adolescentes de entre 14 y 16 años, y próximamente con cursos sobre cómo abordar la prostitución desde la demanda.

Busca también ayudar a otras mujeres que atraviesan la misma situación. Quiere que, como ella, que se ha casado y ha retomado sus estudios, vuelvan a sonreír.


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