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Las “huellas” de Divertimento: el coro pamplonés vuelve a abarrotar el Condestable en su recital navideño

Más de 300 personas disfrutaron de un amplio y variado repertorio del coro pamplonés y que hizo las delicias todos los asistentes.

El coro Divertimento volvió a llenar el palacio de Condestable durante su concierto navideño en Pamplona.
El coro Divertimento volvió a llenar el palacio de Condestable durante su concierto navideño en Pamplona.  

Veinte minutos antes del concierto, un empleado del Palacio del Condestable decía: “Esto no lo llena ni Elvis Presley”. En la ciudad pequeña, cuando no hay abono comprometido de por medio, el termómetro anticipa la cantidad de público. La calle Mayor estaba llena de paraguas y la lluvia, fuerte e incómoda, invitaba a poco. Tras una hora de recital, este mismo empleado claudicaba con una sonrisa: “¡Otra vez¡ Todos los años, ¡no sé cómo lo conseguís!”.

Alrededor de trescientas personas acompañaron al coro Divertimento en su recital navideño de este año, celebrado el pasado 27 de diciembre. Ni una butaca libre, la balconada del primer piso completa e incluso varios animados que eligieron la modalidad cóndor: vista de pájaro desde la azotea. Coleaba aquella carta que Eusebius, crítico musical por excelencia en la Navarra del siglo pasado, publicó allá por los treinta desde la Plaza del Castillo: “Señora, anime a sus hijos a ir a los conciertos. Así tendrán una cosa buena, hay gente que no tiene ninguna”. Así fue, lleno.

Cantar en el Palacio del Condestable es una maravilla, pero también una lotería. Las exposiciones del rellano, detrás del escenario, pueden convertirte en un personaje de Zalacaín el aventurero, en un oso más de la estepa africana o en un guerrero de la contienda carlista. Esta vez, ambientaban las fotografías del concurso “Enfoca Pamplona”, todas ellas inspiradoras, de gran calibre y, por fortuna, ajustadas a lo que es el coro Divertimento, uno de los coros de Pamplona, que hace ya tiempo dejó atrás el amateurismo en busca de la profesionalidad, estando mucho más cerca de lo segundo que de lo primero.

Desde su fundación hace una década, siempre dirigido por Fernando Ramírez, ha convertido su recital del Condestable en una cita ineludible, disfrutona. Con más de cincuenta miembros, esta vez acompañados por guitarra, tuba y bombardino, según lo exigiera el programa, regalaron un repertorio variado, uno de los principales fuertes de este conjunto. Ramírez procura espacio para la solemnidad, la risa, la nostalgia… Incluso lo excéntrico. Para muestra la suite comercial que hizo bailar a los presentes al ritmo de distintos anuncios navideños televisivos.

No es fácil encontrar un concierto en el que el director, con sencillez y concisión, desgrane el clima que alumbró cada una de las obras interpretadas antes de darles paso. Para empezar, Ramírez contó que la “Noche de Paz” fue compuesta por “dos hombres sencillos” en un pequeño pueblo de Austria: el cura de la parroquia y el maestro de la escuela. Se entrenó un 24 de diciembre de 1818 y acabaría siendo el villancico más famoso del mundo. Tanto que en la Primera Guerra Mundial fue melodía de tregua entre alemanes y aliados.

Después sonó el Oi Bethleem del padre Donostia, nacido en San Sebastián a finales del XIX. Sacerdote capuchino, musicólogo y compositor, solía decir –esto también lo apuntó Ramírez–: “Nada como la voz para expresar el sentir”. Y con esta canción afirmaron que eso de ser coro de Pamplona también pasa por la heterogeneidad, el cantar en varias lenguas, el apostar por la música dejando a un lado la política, porque en Navarra, como decía aquel, “las cosas se extreman demasiado”. Hubo euskera, castellano, inglés y hasta dialectos africanos. Precisamente, desde África llegó una de las sensaciones del concierto: “Indodana”. Una canción africana estrenada por Divertimento hace apenas un par de meses.

Provocó un silencio especial “Esta tierra”, confeccionada por el director de coros de Fuenterrabía Javier Busto e inspirada en un poema de Francisco Pino, un vallisoletano que, durante la Guerra Civil, se definió católico y republicano, lejos de un bando y de otro, lo que a punto estuvo de costarle la vida.

La peregrinación”, con música del argentino Ariel Ramírez y letra de Félix Luna, repite en su estribillo: “¡A la huella, a la huella!”. Pues eso, Divertimento, “a la huella”, con brújula y siguiendo el camino trazado hasta ahora, el de la mejora por la mejora, con la única pretensión de disfrutar y hacer disfrutar.


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