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Eduardo Laporte: "Me gusta la idea de que quien me lea me conozca de una manera más profunda"

El escritor pamplonés y colaborador de Navarra.com publica con Pamiela sus primeros Diarios (2015-2016). 

El escritor Eduardo Laporte durante la presentación de su nuevo libro en la librería Walden de Pamplona. PABLO LASAOSA
El escritor Eduardo Laporte durante la presentación de su nuevo libro en la librería Walden de Pamplona. PABLO LASAOSA  

El escritor Eduardo Laporte (Pamplona, 1979) se sumerge en su nueva publicación en una crónica personal de dos años, en la que narra sus vivencias y reflexiones acaecidas entre 2015 y 2016, bajo el título de Diarios

Después de recrear en La Tabla la historia real de un naufrago pamplonés y su odisea durante horas a la deriva, el colaborador de Navarra.com vuelve ahora a adentrarse en terrenos de primera persona, algo que ya hizo en su reconocida Luz de Noviembre, por la tarde

Editados por Pamiela y presentados recientemente en Pamplona, los Diarios de Eduardo Laporte permiten al lector conocer más del escritor, pero también a la persona, si bien el propio Laporte asegura que su exposición no es máxima:  "Me gusta la idea de que quien me lea me conozca de una manera algo más profunda gracias a estos textos".

Había publicado hasta la fecha novelas, ¿qué le lleva ahora a recoger sus pensamientos en estos Diarios?

Los diarios son una especie de compañero de viaje de los proyectos de largo recorrido. Escritos de modo fragmentario y breve, permiten darse un respiro de la narración larga y son buenos contenedores para ideas o reflexiones que no tienen cabida en otros géneros. Julio Ramón Ribeyro se refería a esos textos cortos como prosas apátridas porque no tenían una ubicación clara. Yo meto todo ese material en la fórmula del diario aunque algún purista me podría echar en cara que quizá no sean unos diarios ortodoxos

¿Cuál ha sido el método de trabajo en estos diarios? ¿Tomaba apuntes cada día? ¿Descartó publicaciones?

Se van haciendo solos. Normalmente, son fruto de ideas que se me ocurren en algún rato tonto del día, que apunto y luego traslado al papel, desarrollándolas un poco más. Algunas las escribo en el mismo folio, pero la mayoría son resultado de una pequeña revelación. Me gusta apuntar muchas, llenar esa Esquina de las Ideas, pero luego desecho muchas de ellas. ¿Criterios de selección? Difícil resumirlos. Eso sí, las apunto de ciento a viento. He optado por no forzar. Ideas que caen, que no se buscan.

Sus diarios no cuentan con fecha, aunque existen algunas referencias que nos ubican. ¿Por qué no reflejar en los textos el momento en el que fueron escritos?

Me gusta crear una sensación de flujo, tanto temporal como geográfico. Dar demasiada relevancia a esas coordenadas quizá eclipsaría una idea reciente que me gusta mucho: que nuestro lugar, nuestro tiempo, somos nosotros mismos. Que en nuestro interior aguarda nuestra verdadera patria, la única que vale la pena conquistar. 

Al contrario que en otros diarios, nos encontramos en ocasiones con reflexiones breves, de una o dos líneas. ¿Son casi estados de redes sociales, tipo Facebook?

Diría que forman parte de esa tradición del aforismo o la ocurrencia feliz que cultivaron otros con mayor talento que yo, como Iñaki Uriarte en sus diarios. Se parecen a un tuit o a un estado de Facebook, aunque considero que tienen más calidad llteraria. Las redes sociales se nutren un poco de los desechos o de chascarrillos sin mayor alcance que departir con tus contactos… La espuma iría a las redes, la cerveza en sí la guardo para el diario.

¿Son las redes sociales nuestros diarios actuales o reflejan más la impostura de cada uno?

Son una fantástica ventana para mostrar nuestro mejor lado, más sofisticado, viajero, políticamente correcto y comprometido, ingenioso, modernete etc, pero también el particular diario, o ideario, como también me gusta decir, donde se sueltan ideas de un modo parecido a las que haría un Leopardi en su Zibaldone, salvando, claro, todas las distancias. Personalmente, llámeme antiguo, me gusta reservar reflexiones de cierta entidad para ese espacio todavía privilegiado que es el libro en papel, con su intimidad correspondiente.

En los textos, recuerda de una manera habitual a su familia, a sus padres que ya no están, revela incluso los sueños que tiene sobre ellos, su abuelo León o su abuela Carmen. ¿Hasta qué punto quería exponerse?

Lo cierto es que apenas me expongo, aunque sobre esto hay disparidad de opiniones. Creo que enseño la puntita y que no soy un kamikaze en ese sentido. Un diario valioso depende también del grado de exposición, pero también hay que saber cuándo uno se pasa de compartir, cuando puede resultar obsceno, gratuito, dador de vergüenzas ajenas. Pero me gusta la idea de que quien me lea me conozca de una manera algo más profunda gracias a estos textos. No por ser yo alguien especial, sino por la apertura de mi espíritu que realizo. Uno busca encontrarse a sí mismo en los diarios de otro; me gusta pensar que esto se produzca en algún caso con los míos.

Llama la atención el rápido paso, en el libro, de un tema a otro, incluso de cuestiones de importancia personales a temas más banales. ¿Es algo que perseguía?

Los diarios son un repulular de ideas, sensaciones, lecturas, viajes… decía Pavese de un modo aproximado. Me gusta esa característica caleidoscópica pero intentando a la vez que no sea un rosario de cascotes góticos por el suelo. He tratado, no sé si lo he conseguido, que se cree una visión de conjunto, tanto del personaje que lo escribe como de la apuesta de vida que se sugiere.

En el prólogo, Miguel Ángel Hernández define el libro como un ensayo. ¿Le tiran por tierra su idea de diario o, al contrario, se acerca a su objetivo?

Creo que lo dice en un sentido poco académico (y eso que es un profesor estupendo), jugando con la idea del ensayo como tentativa. Ese ir buscando mi propia voz, experimentado, haciendo del work in progress un poco. Un ensayo persigue una verdad, mientras que la literatura, decía Cercas, ofrece preguntas. No ofrezco ninguna verdad, ni una respuesta a una hipótesis, así que técnicamente no sería un ensayo.

"Reuniones familiares como campos de pullas", dice en su Diario. ¿Qué tal han ido los días de Navidad en Pamplona?

Jajjajajaj. Quise referirme más bien a “coñitas”, aunque muchas coñitas hacen una pulla (siempre con dos eles, recordemos). Toda broma esconde una verdad y la familia, los amigos, son una representación en sociedad donde a veces las verdades, o lo que uno considera su verdad, se transmiten a través de ese caballo de Troya comunicacional que es la coña, la pulla. Dicho esto, sarna con gusto no pica y están siendo unas Navidades estupendas en todos los sentidos.

Como autor, ¿Es difícil publicar hoy en día? ¿Cuál es el principal inconveniente?

En muchos casos, el principal inconveniente son los propios editores. Excepto en el caso de Pamiela, de trato exquisito, uno traga con ciertas dinámicas que dejan bastante que desear. Supongo que los autores también tenemos lo nuestro, pero, vamos, paciencia con ciertos asuntos. Dicho esto, creo que es más fácil publicar hoy que hace quince años, ya que se ha abierto mucho más la oferta de pequeñas editoriales. Claro que todos soñamos también ciertas editoriales ‘majors’ y eso es siempre un reto más complicado.

¿En qué publicación futura trabaja actualmente?

Estoy documentándome para un libro sobre Navarra que supongo que me quitará muchas horas de sueño y dará no pocos quebraderos de cabeza, pero bien. Y corrigiendo una novela corta. Y adentrándome en el mundo del relato.

¿Un par de recomendaciones literarias para que regalen los Reyes Magos?

‘Los refugios de la memoria’, de José Luis Cancho (papeles mínimos), de 2017, y ‘Noches sin dormir’, de Elvira Lindo, que es un diario sobre su etapa neoyorquina, publicado en 2015, que me gustó mucho por su honestidad y el relato de los padecimientos de la vida en Nueva York.

FICHA DEL LIBRO

Título: Diarios (2015-2016)

Autor: Eduardo Laporte. 

Editorial: Pamiela. 

Páginas: 110

Ejemplares: 1.000

Precio: 12 euros.


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